Un día se canso de su pueblo y desapareció.
(...)
Tres años, nueve meses, veintisiete días, cinco horas, treintaytres minutos después, volvió y nadie lo noto.

"Me atraen las acciones y las frases que se repiten. Estábamos buscando un pretexto para una acción repetitiva. Cuando Silberman nos contó lo que acababa de ocurrirle. Invitó a varias personas a cenar en su casa, un martes por ejemplo, olvidó hablar de ello a su mujer y olvidó que ese mismo martes tenía una cena fuera de su casa. Los invitados llegaron hacia las nueve, cargados de flores. Silberman no estaba. Encontraron a su mujer en bata, ignorante de todo, y disponiéndose a meterse en la cama.
Una boca